Recientemente, ocho de diciembre, se cumplieron dos décadas desde la caída definitiva de la URSS. El desplome de la Unión Soviética emborrachó de optimismo a los liberales, que veían el fin de la historia como un decreto. Sin embargo, el horizonte tiene dos grandes países, China e India, que crecen vertiginosamente, en términos económicos y demográficos, mientras el viejo mundo cae exactamente en los mismos indicadores. La historia no se ha detenido, como quisieron relatar los vencedores. Es altamente probable que Estados Unidos deje de ser la principal economía del mundo, no estará ni cerca de cumplir tres cuartos de siglo en la cúspide en la que se alzaron como hegemón en 1945. Pero la crisis y el cuestionamiento que viven los vencedores del Oso Rojo no comenzó en los países centrales. El sistema ha sido cuestionado desde sus bordes alcanzando una década más tarde a los países centrales.
El mundo reacciona una década más tarde que Sudamérica en la oposición profunda al neoliberalismo. Las elites corruptas que nos entregaron al FMI y el Banco Mundial durante los 80 y los durísimos años 90 fueron expulsados de las casas de gobierno de una buena parte de nuestros países. Creo que Sudamérica le lleva la delantera al mundo en este aspecto, ya que el milenio comenzó para nosotros asestando un golpe bastante serio e importante a la banca, el endeudamiento y el sistema neoliberal periférico. Estoy convencido que estamos en el momento más feliz de nuestra historia regional. A pesar de todos los desafíos que tenemos por delante, en cuanto a generación de riquezas, participación de los trabajadores en la distribución de esta, disminución de la pobreza, las inequidades , las discriminaciones y la inseguridad. Con todos los frentes en los que sigue luchando América Latina, y particularmente fuerte Sudamérica, nosotros que sufrimos en carne viva los golpes, las torturas, los desalojos y desmantealimientos de las dictaduras, y que fuimos engañados posteriormente por los gobiernos democráticos nos pusimos primeros en la crítica al sistema neoliberal. Pero la crítica es nada sin acción. Sudamérica vive años claves, esta década recién pasada nos trajo en muchos sentidos una notable emancipación que hemos sabido consolidar hacia una integración inteligente y justa. Y resulta que en Sudamérica no murió la Historia. Y resulta que estaban vivas las ideologías acá debajo. Y resulta que es palpable que en la periferia occidental se levantó el pueblo y se hizo más justo, próspero y combativo. Esta década se ha vivido una verdadera revolución sudamericana. Ahora que los países centrales se ven amenazados por el FMI y el Banco Mundial se han levantado sus jóvenes, trabajadores y clases medias a decir que están indignados con los triunfadores de la Guerra fría. Se han levantado con igual poesía, pero más ambiciosos y combativos que los de 1968. No por nada ya botaron al gobierno de Islandia. El sistema se resquebraja desde sus extremos, lo que comenzó hace ya una década en nuestra región, reforzado por la alianza Sur-sur que nos sitúa con China y otras potencias emergentes. 2011 no fue un nuevo 1968, en el cual la poesía perdió frente a la banca, las armas y la burocracia. Esta vez es posible que tal como Sudamérica ha corregido progresivamente el sistema neoliberal, Europa y Estados Unidos en el fragor de la crisis y el fuego de los empobrecidos sigan nuestro camino, con sus propias características.
Son justamente estos estallidos sociales los que están cambiando el mundo apático y desmovilizado al que estábamos Se ha vuelto un lugar común en los medios sindicar a las redes sociales y las plataformas virtuales, como esta, las principales responsables. Pero son el medio-no la causa ni el fin-que ha vehiculizado el descontento, no contra el Estado de Bienestar ,como han tratado de esgrimir algunos, muy torpemente, sino contra el Estado mínimo y la economía neoliberal que ha , el último tercio del siglo XX y principios del siglo XXI, producido riquezas, pero con una concentración tal que ha aumentando la desigualdad. Según el último informe de la OCDE respecto a la desigualdad, es notorio que inclusive los países con una larga tradición en equidad hayan ampliado esta brecha últimamente. Por tanto, Europa en la actual situación de crisis que está viviendo ve afectada a su amplia clase media, que está entrando directamente a la pobreza o , sencillamente, emigrando hacia otras regiones del mundo que estén menos afectadas. Es el caso de los españoles que están migrando hacia América Latina y los latinoamericanos que vuelven a su continente en vista de los sueños rotos que deja la colisión económica en Europa.
Los analistas internacionales no han mencionado, en gran medida, el levantamiento antineoliberal sudamericano. Creemos que es un antecedente necesario para entender hoy el mundo, pues el sistema se quiebra desde los bordes. Insistimos en el punto, América Latina se ha adelantado unos diez años a la indignación, pero, curiosamente para nuestra historia, marcada en el caudillismo, la ha forjado desde el Estado y la institucionalidad. Los procesos que viven Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Venezuela, y más recientemente, Perú nos hablan de la indignación contra las medidas neoliberales que no terminaron con la pobreza ni con el hambre y, por el contrario, nos endeudaron y empobrecieron de forma estrepitosa. Es lapidario el hecho que en el 2001 Argentina pagaba el 7% de PIB, es decir de toda la riqueza generada en el país por sus trabajadores y fuerzas productivas, al pago de deudas contraídas, en gran parte, bajo las dictaduras. Hoy Grecia debiera seguir el ejemplo Argentino y volcarse a fortalecer la demanda interna. Si los neoliberales conmemoran veinte años celebrando la caída de Oso Rojo, en el occidente periférico conmemoramos que hace diez años comenzaron a caer ellos, y el mundo pareciera seguirnos en ese camino, recientemente. El pulso histórico parece estar acelerado.
Por eso, la celebración de los veinte años del desplome de la Unión Soviética tiene hoy menos velas y pasteles que ninguno antes. . El mundo político actual no tiene nada que celebrar la caída del gigante soviético. La celebrada revolución de terciopelo ya se está dirigiendo contra ellos. Si pensamos que a comienzos del siglo XIX el mundo fue completamente cambiado por la Revolución Francesa; a principios del siglo XX el mundo fue remecido por la Revolución Bolchevique en Rusia. La pregunta es , tendrán los movimientos mundiales actuales la fuerza y la densidad social como para cambiar completamente el paradigma que estamos viviendo, constituyéndose en una verdadero desafío al sistema neoliberal actual. A microescala podemos ver lo interesante que ha sido la Revolución Islandesa, que ha terminado con la caída del gobierno, el encarcelamiento de personas vinculadas a las altas redes del capitalismo especulador. Mi amigo Luis Velarde, @Luis_Velarde_F, me ha señalado ,muy acertadamente, que se le ha puesto una suerte de cordón sanitario a la situación en Islandia, pero esos cordones son mucho más difíciles en esta nueva etapa plebeyizadora.
De todas maneras, a quienes celebraban que el gran oso rojo cayera en la peligrosa trampa, hoy están viviendo sobre un delicado equilibrio elítico que tambalea sobre el cadáver del triunfo de hace veinte años. Ahí están las banderas negras, rojas, esas guardadas, que junto a las verdes, las nuevas banderas indignadas propenden el eclipse, por fin, del sistema.